
Cargando...
Cargando...

Desde el 20 de marzo, Caracol TV está en el ojo del huracán por denuncias de acoso sexual, ¿qué nos dice esto sobre los medios de comunicación en el país?
Autora: Paula Bedoya
25 de marzo de 2026
Tenemos que hablar del acoso y dejar de sentir vergüenza por ello.
El 20 de marzo Caracol TV, uno de los medios de comunicación más grandes del país, publicó que abrirían una investigación porque dos personas denunciaron haber sido victimas de acoso sexual en la organización. Y en medio de las investigaciones Ricardo Orrego y Jorge Alfredo Vargas salieron del canal.
El hecho hizo que las redes sociales se llenaran de más testimonios de ex periodistas del medio confirmando que habían pasado por situaciones similares e, incluso, que no es algo que solo ocurre allí. Por ejemplo, el director de RTVC, Hollman Morris, también tiene denuncias por acoso sexual.
Todo esto abrió tremenda conversación sobre qué es el acoso y cómo actuar ante él.
El acoso sexual no es un “malentendido” o un “chiste pesado”.
Según Doris Gómez Osorio, Periodista y Politóloga miembro de la red colombiana de periodistas con visión de género, el acoso es una forma de violencia que puede ser física o verbal. Y se entiende como cualquier comportamiento de naturaleza sexual que no es deseado por la persona que lo recibe y que la hace sentir incómoda o intimidada.
La diferencia entre un “halago” y el acoso es simple: si la otra persona no lo quiere o dice que sí por presión o miedo, es acoso.
Para la Ley 2365, este tipo de acosos se puede dar en entornos laborales o educativos y venir con más poder porque tiene más dinero, experiencia, un cargo más alto o, incluso, de un par.
Para Doris Gómez Osorio la línea entre lo que es acoso y no lo es, es muy delgada. Por eso siempre vale la pena revisar el contexto en el que ocurren las cosas, poner a la víctima en el centro y revisar con cuidado. Sin embargo, hay escenarios en los que se puede identificar más fácilmente, cuando se trata de alguien menor de edad, cuando proviene de alguien con mucho más poder o en un entorno educativo, por ejemplo.
Muchas veces es difícil identificar el acoso porque las personas van puliendo la forma en la que se acercan y los mensajes que envían, hasta que terminamos por naturalizar ciertos comentarios, gestos e invitaciones, sin embargo, aquí unas pistas para identificar el acoso.
Se han construido varias herramientas como el “violentómetro” o “acosómetro”, una especie de termómetro que clasifica las violencias y no es que una sea más importante que la otra, solo que permite saber en qué punto de riesgo puede estar uno, aquí puede ver uno que construyó la Secretaría Distrital de Bogotá
Y por aquí algunas señales:
Según Angela María Zapata, 2026. Profesional en Equidad de géneros e inclusión de la Facultad de Minas, UNAL Medellín, todas las Instituciones de Educación Superior deben tener protocolos para atender, detectar y prevenir las violencias basadas en el género, ahí se incluye el acoso.
Además, la Ley 2365 dice que las empresas también deben tener estas políticas para prevenir el acoso sexual, definir cómo atenderlo y garantizar que no se repita. La idea es que las víctimas lo reporten en la empresa, negocien trabajar en otra área, desde la casa si hay riesgos y evitar interacciones con la persona que acosó. Aunque no lo exige la ley, las empresas podrían sacar a la persona acusada de acoso mientras avanzan las investigaciones.
También puede pedir acompañamiento psicológico a la ARL para llevar el proceso y si quiere denunciar formalmente en la Fiscalía, presencial o en la página web, sin importar si la víctima es mujer u hombre.
Entre a la página de la Fiscalía, vaya a denuncia fácil y llene los siguientes datos:
Ojo, también hay que tener en cuenta que los mecanismos de la justicia y los protocolos no siempre son suficientes para las víctimas.
Para Doris Gómez Osorio y Angela María Zapata, muchas veces estos mecanismos no van al ritmo que las víctimas quieren y necesitan. Y aunque existan leyes, políticas y procesos, eso no siempre garantiza un acceso a la justicia.
A eso se le suma que en muchos casos, son las víctimas quienes deben probar que fueron acosadas y violentadas, y no los acusados quienes deben probar su inocencia. Eso termina en procesos de revictimización.
También se ha evidenciado que la denuncia no significa una verdadera protección, por eso es necesario fortalecer esos espacios de justicia y, en general los de la sociedad, pa’ que el cuidado se ponga en el centro y no haya una amenaza a los derechos.
Estos no son casos aislados. Un informe de la U de Los Andes de 2021 dice que el 60% de periodistas encuestadas vivieron algún tipo de violencia de género en un 50% por un superior.
Pensamos en el acoso como algo que solo hemos vivido unas pocas, pero en todas las conversaciones aparece un profesor, un jefe, un colega, un compañero, un familiar o un amigo que intentó sobrepasarse. El periodismo, igual que cualquier otro oficio, debería poder ejercerse sin violencia.
Otro informe de Violencias machistas contra periodistas y comunicadoras de la red colombiana de periodistas con visión de género y la Fundación Karisma, muestra que estos actos machistas se van construyendo desde la carrera, cómo lucen las mujeres que quieren ejercer el periodismo para encajar o ser exitosa y pasa. Y en las salas de redacción, la mayor parte de las violencias la ejercen hombres con poder.
Si un jefe hace chistes sobre el aspecto de otra persona, no se burle. Si ve a alguien incómodo en el trabajo, pregúntele qué pasa, si se acercan a contarte algo ofrezca ayuda, no haga comentarios re victimizantes tipo ¿por qué no denunció antes? y sobre todo, cuestione siempre las actitudes que usted u otros tienen con las personas a su alrededor.
La vergüenza tiene que cambiar de bando y usted puede tener un rol activo ahí.
¿Qué fuentes consultamos pa' este contenido?
