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¿Por qué la gente pobre suele ser la más afectada por terremotos u otros desastres?

El terremoto del 10 de agosto nos puso a pensar en por qué las personas en situación de pobreza suelen ser las más afectadas por los desastres. Acá varias claves para entenderlo.

Autora: Valentina Ardila

15 de agosto de 2026

El 10 de agosto Colombia vivió el temblor más fuerte de los últimos 10 años. Aunque muchas ciudades principales fueron afectadas y la información de sus afectaciones llegó más rápido, nos demoramos en tener noticias de San José del Palmar, Chocó, donde fue el epicentro. ¿Por qué pasa esto?

quí 7 puntos clave pa’ entender la situación:

Uno. La desigualdad hace que la gente en pobreza sea más vulnerable.

Históricamente el Chocó es una de las regiones más pobres del país. En 2024 el 67,4% de su población estaba en pobreza monetaria (sin plata suficiente para atender necesidades básicas), según el Dane. Casi 7 de cada 10 personas del Chocó son pobres.

Lo más triste es que el Chocó es rica en diversidad cultural con sus comunidades afro e indígenas y es uno de los lugares más ricos en biodiversidad del planeta, en oro, platino, cobre, madera y agua. Aunque es una región rica en agua, tiene deficiencias en el acceso a agua potable y saneamiento básico y eso afecta la calidad de vida de la pipol.

No tener garantizado el acceso universal a derechos básicos, afecta su respuesta ante situaciones de riesgo, como los fenómenos naturales.

Dos. La gente más vulnerable construye sus casas como puede.

Gina Villalobos, doctora en ciencias de la tierra y sismología, nos dijo que aunque Colombia tiene unos estándares que los edificios y casas deben seguir pa’ que no se caigan si hay un temblor, como mucha pipol construye sus casas (con materiales como polisombras, tablas y cartones) o les piden a maestros de obra que les colabore, no se suelen revisar las normas de sismoresistencia que toca cumplir.

Según datos del Dane, en 2021 el 7,5% de los hogares colombianos tenían fallas en sus estructuras y materiales. Las zonas del país donde hay más hogares con estas fallas suelen ser las de las periferias y donde hay más pobreza económica. Por ejemplo, para ese año en Chocó el 46,5% de los hogares tenían fallas en sus estructuras y materiales.

Súmele que, según Jasbleidy Pirazán, exdirectora del Departamento Administrativo de Planeación de Medellín, las personas en situación de pobreza no suelen tener capacidad de respuesta ante emergencias como un sismo, dado que muchas viven con lo que ganan diario y no tienen ahorros o seguros, entonces cuando ocurre un sismo o terremoto, no tienen los medios pa’ cubrir todos lo que esto implica.

Tres. Los municipios que reciben menos plata tienen menos capacidad de respuesta.

En Colombia la plata que el gobierno nacional le manda a los municipios depende de cuánta gente viva ahí y cuánta plata recoja el municipio cada año (como la que viene de impuestos) y según Jacqueline Montoya, experta en gestión del riesgo, la capacidad de preparación y respuesta de los municipios ante desastres depende de cuánta plata tienen.

Por ejemplo, entre más pequeño es el municipio, menos capacidad tienen para tener un cuerpo de bomberos y la mayoría son voluntarios.

Cuatro. La plata pa’ estos temas sale de los fondos de gestión del riesgo.

En Colombia existe el Fondo Nacional de Gestión del Riesgo, allí se destina toda la plata que es para prevención, preparación, respuesta y reconstrucción ante desastres. El fondo es manejado por una junta directiva y en el caso de los municipios y departamentos, cada uno debe tener su propio fondo y por ley deben tener un consejo de gestión del riesgo de desastres que se encarga de garantizar la reducción y conocimiento del riesgo, manejo de desastres y de dirigir el fondo.

Si el municipio o departamento tiene más de 250.000 habitantes, debe tener una oficina de gestión del riesgo que se encarga de coordinar al consejo de gestión del riesgo desastres. Peroo, los fondos de los municipios a veces no tienen tanta plata pa’ pilotear las emergencias.

Cinco. Si no dan abasto los municipios, recurren al gobierno departamental o nacional.

Como ocurrió en el terremoto del 10 de agosto, la primera atención la da la gente y la alcaldía también debe atender la situación, pero si no tiene la capacidad y siente que se le está saliendo de las manos, recurre a la Gobernación y si esta tampoco da abasto, llaman al gobierno nacional.

Seis. Estamos más preparados a nivel nacional que territorial.

Aunque Colombia es reconocida por su gestión del riesgo, las normas que tiene al respecto y la capacitación que tienen quienes deben atender emergencias, esa preparación suele quedarse en las grandes ciudades. Eso y la falta de presupuesto, hace que ante emergencias como la del terremoto del 10 de agosto, los territorios se queden cortos en la prevención y gestión del riesgo.

Siete. Tras el terremoto puede aumentar la desigualdad.

Después de un sismo, las personas más pobres suelen tener menos recursos pa’ irse a otros pueblos o regiones, quedándose sin servicios básicos (como luz, agua y gas), lo que afecta su calidad de vida.

Y si se quedan en donde fue el terremoto, acceden a los servicios de atención que están allí (como los hospitales), que suelen saturarse, tener menos capacidades para atender e incluso que pudieron haberse visto afectados por el sismo. Por ejemplo, en el terremoto de Armenia en 1999 lo primero que se desplomó fue la estación de bomberos.

Otro tema es que a las personas con menos recursos les cuesta más tiempo recuperarse del temblor porque tienen menos plata y oportunidades y dependen de ayudas estatales.

Ñapa. Más vale prevenir que lamentar.

Estas experiencias dolorosas nos enseñan que es importante prevenir los riesgos y no solo atenderlos. El país debe priorizar el presupuesto para eso y fortalecer las capacidades técnicas y operativas, además debe hacerse un seguimiento estricto para que esa plata se use para lo que es.

Y en las zonas más vulnerables o pobres debería haber presencia estatal y privada con oportunidades y mejoramiento de la infraestructura. Además, de generar conciencia y educación sobre qué hacer ante estas situaciones con simulacros o capacitaciones, por ejemplo.

A nivel personal, además de educarnos, podemos tener nuestro kit de emergencia, verificar la información compartida y generar conciencia en nuestro círculo frente a la prevención de riesgos.

¿Qué fuentes usamos pa’ este contenido?

  • Gina Villalobos, ingeniera civil y doctora en ciencias de la tierra y sismología.
  • 2 personas expertas en gestión del riesgo que pidieron no ser mencionadas.
  • Jasblleidy Pirazán, exdirectora del Departamento Administrativo de Planeación de Medellín y docente de administración pública de la Universidad Nacional, sede Medellín.
  • Jacqueline Montoya, gerente regional de países andinos en el programa regional de asistencia para desastres Amentum y magíster en sostenibilidad y en Gestión Territorial en Riesgo de Desastres, ciencias políticas y gobierno.
  • La Ley 1523 de 2012, la de manejo de gestión de riesgo en el país.

Sobre la autora

Valentina Ardila
Valentina Ardila

Periodista

Soy profesional en Gobierno y Asuntos Públicos con estudios complementarios en Economía de la Universidad de los Andes. Me gusta hacer análisis de datos e investigar.

  • Pobreza
  • Desastres
  • Terremoto
  • Desigualdad
  • Gestión del riesgo

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